dimanche 14 février 2010

madrugada fría

hay momentos en que el silencio reina. sobre todo mi sentimiento de silencio. hay quizás poca luz, pocas voces, poco contacto con el exterior... la realidad se debilita y es entonces cuando mi realidad empieza a emerger, de mí, y se instala a mi alrededor como una nube.

esa era la nube que sentía sobre mis ojos cuando había dormido poco. esa era la nube que cambiaba mi forma de ver. cuando esa nube sale de mí, quedo algo así como vacío de algo. algo me falta. algo se me escapó y empiezo a temer, a causa de eso que me falta. esa falta me aterroriza y una vez existente ese temer, empiezo a sospechar de cada estimulo exterior. cada sonido, cada roce, cada susurro de las cosas de este mundo se convierte en una amenaza. eso que temo amenaza con mostrarse y yo estoy seguro de que en cualquier momento se mostrara.

el miedo existe antes de los monstruos que me aterrorizaran, ellos son solo materialización de eso que ya existía dentro de mí. pero de dónde vienen esos miedos. hablo de ellos como si fueran algo que vive siempre conmigo, pero que nunca escucho demasiado por el ruido del exterior. así, cuando ese ruido se acaya, ellos empiezan a ser más claros y surgen. nacen de mí, mis hijos, mis niños. nacen de mí y con su forma temidamente parecida a la mía, me causan más terror que cualquier otro monstruo imaginado. quizás sea por eso el especial temor a los espejos. ellos pueden revelar más claramente una forma mía que otra cosa. las sombras también, ellas, aunque vagas, son un juego. un juego en mi contra. juegan a que son yo pero sin vulgarizarse en en una imagen identica. les basta con que yo sepa que soy yo. no tiene que ser una imagen que reconozca cualquiera, sólo yo.

en mí viven hijos que me quieren matar. por qué, de quién son, míos y de quién. pero viven en mí. por qué. o debo aceptarlos como iguales, como mis hermanos. porque en ese caso yo sería uno de ellos que por alguna circunstancia logró salir de ese estrato inferior. y ellos quieren reivindicar su poder. quizás mi aparente superioridad sea una humillación para ellos y por eso me ven ahora como su enemigo, el que les robó algo.

y si yo soy su hijo. y si yo nací de ellos, yo como algo producto de su masa primitiva e indefinida, y como manifestación lograda de algo definido, de este mundo, comprensible en esta realidad. en ese caso ellos serían como esa matería primitiva que desde mí me recuerda que yo estoy hecho de ellos y que no hay razón para que me crea superior o de una naturaleza diferente, más civilizada, más formada, más pulida. ellos, esta vez tambien, querrían entonces reivindicar ese estado del que provengo pero que no soy más por no importa qué circunstancias.

o importan... importa que yo esté hoy aqí porque en algun momento acepté que quería pertenecer a este mundo? aceté... cuando? es que si no aceptaba no me iban a querer. y yo quería ser querido, porque el qerer me protege, me acaricia, me hace tantas cosas buenas, que disfruto. el querer me tranquiliza, me hace olvidar de esta existencia y sus incomodides. era eso, ser querido. por eso entré a este mundo. pero no pude entrar solo, los tenía que traer a ellos, porque aun son inseparables de mí, y más en ese entonces. son como apendices. miles de apendices que salen de mí como rayos de luz, y no se agotan, como rayos de una fuente de luz infinita. infinita... sobretodo porque no conosco sus limites, más que porque no los tenga.

pero una vez que estoy de este lado, me jalan, a allá, a la deformidad, la indetermianción, a restituir ese caos que llevo dentro de mí. no acepto civilizarme del todo. mientras ellos sigan morando en mí, no podré hacer demasiado en este mundo. mientras yo no acepte matarlos, cortarlos de mí. aceptar qué exactamente. aceptar que necesito ser querido para no morirme de frio? aceptar buscar en este asqueroso mundo cosas a las que sujetarme, que me llenen, me penetren, y ocupen ese vacío que me hace necesitar re-comerme a mis fantasmas cuando salen de mí, en ese acto abominable de ser su victima y comerlos con mis ojos y todos mis sentidos, en un sudor que soy yo y se suicida por esa insoportabilidad que me provocan.

agarrarme de algo en esta realidad. renunciar a la soledad, renunciar a esa autosuficiencia de la que me jactaba siempre. renunciar a algo... sobretodo renunciar. renunciar a esa unidad que soy con ellos dentro de mí. renunciar a ser el centro del universo como en este triste discurso. renunciar a rendirme, a caer en ellos, en mí. aceptar el dolor, el esfuerzo, y sobretodo el hambre, el no tener la boca o el estomago llenos, el no estar lleno, aceptar el vacio? no puede ser... todo esto se trataba de aceptar el vacio? bueno... supongo que para buscar afuera hay que aceptar un vacío al que llenar. se trataba de aceptar el vacío.... y el vacío quizás era solo la amenaza del agotamiento total, de la extención del vacío a la forma de un cancer un agujero negro. el vacío era ese pedazo de cosa que me recordaba que la muerte existe, y que si un vacío existe y corta una parte de mí, quizás un día todo lo que soy pueda ser cortado y convertirse todo en vacío y dejar de existir y esas cosas. la muerte. bueno... no sé por qué la metiste a ella aquí. eso no era con ella. no evadas a tus miedos de mierda, q te tocan la puerta y quieren hablar contigo, de algo muy serio. yo no fuí, cualquier cosa de la que quieran hablar, yo no fui. claro que no fuiste. tu nunca has sido. siempre hemos sido nosotros, ahora debes desaparecer y dejarnos tomar el control. duerme, duerme.