No poder renunciar. Sentir que algo me ata, me ata con tanta fuerza. No cesa nunca. Yo intento pero no cesa, no cede. Esa cosa es inexorable.
Lamento tanto, tanto no poder oponerme a ella, no poder salir de este encierro que siento en mi vida, no poder ser otra cosa. Otra cosa diferente a esa cosa. Una cosa de otra cosa. Soy de su misma raza, del mismo nombre, me llamo cosa porque lo que veo cuando me miro en el espejo jamás es tan claro como para llamarlo con un nombre diferente a ese indeterminado. Soy una mancha. El primer brochaso de un pintor, soy un bosquejo, estoy empezado y no me terminará. No sé porque me dejaron empezado. Creo que el autor, por alguna extraña razón, encuentra gran satisfacción en no haberme terminado, en dejarme en este estado de indecisión. Tal vez encuentre que de esta forma nunca podré tener una vida independiente de esas sus manos, de esa su obra o ese su nombre.
Me inacabó para no quedarse solo. Me dejó así para que yo no me fuera, para que fuera siempre su niño, su mascota, sin hablar, no hables, solo ven aquí para acariciarte, para mirarte. Me necesitas y sabes… sin mi no existes. Fuera de mi tus colores no rayan, fuera de mí te desapareces.
Me desaparezco… y si hiciera tanto como para que otros notaran mi presencia, mi existencia? Y si tocara, manipulara el mundo de tal forma que mi existencia no pudiera ser puesta en duda. Y si… la dejara, a ella, a la cosa, a la cosa toda, la superficie toda. Flotar. Qué tal sería flotar. Encontraría una posición en que no enloqueciera de vértigo? Dejarla. Eso me hace tanto daño a mí como a ella. Este orden alimenta esta codependencia. Nos da existencia para el otro, existencia dentro del otro. La cosa en mí y yo en la cosa siendo la cosa misma.
Si el alimento fuera retirado a alguna de las cosas, sin duda morirían. O no? O podrían llegar a comer algo más, a alimentarse de otras cosas. Podría(n)?
Inscription à :
Publier les commentaires (Atom)
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire